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Retrato Hablado: El hijo

No te pueden colocar José Domingo de nombre. Típico nombre de viejo burgués prostático. Pero bueno, mi padre siempre ha tenido en su cabeza que el nombre de sus hijos tienen que ensalzar el apellido Lira. José Domingo Lira. Aristocrático, por supuesto. Pero además, que nombre más teñido de frondas y reuniones dominicales en el Club de la Unión. De verdad que me siento como un viejo chico con este nombre. Podrían haberme llamado por ejemplo: José Andrés, José Tomás, por último, José Francisco. Pero no, al perla conservador, enchapado a la antigua, no encuentra nada mejor que llamarme como el abuelo. Aquel vil latifundista, que tanta plata le sigue dando a esta familia, pese que se murió hace 40 años. Si supiera el abuelo el nieto que tiene... no me daría un peso. Igual me daría lo mismo. Esta familia se disfraza de hipocresía. Como en todas las familias de Chile. ¿Acaso el cinismo y la mentira tiene clase social? Por supuesto que no. Aunque en los Lira el cinismo tiene un encanto especial, pues tiene un suave perfume de soterrados odios y disputas. A mi todo eso me da igual. Total, ahora vivo solo. Lo único que me preocupa es que todos los 14 de cada mes esté en mi cuenta la plata que acordamos con mi viejo cuando me fui de la casa: mas menos unos 450 mil pesos, que varía de acuerdo al precio del dolar. Mi padre es tan capitalista para sus cosas, que me deposita en dólares americanos. Estúpido. Pero me da igual. Solo me interesa ver la cuenta. Digamos que con eso vivo bien, aunque no me doy los lujos de antes, los cuales nunca me interesaron, sólo lo hacia para joder. Como casi toda mi vida. Cuando decidí cambiar, elegir un camino distinto al-que-me-correspondería, aunque yo no creo en esas cosas de la inmovilidad y que uno-debe-comportarse-acorde-a-su-origen. Pura mierda. Este mundo ha cambiado: el muro de Berlín cayó hace rato, la guerra fría terminó, ahora los socialistas se codean con los empresarios, hay milicos que se dicen democráticos, los fascistas creen en la democracia, tenemos milicos que creen en el socialismo, empresarios que aplauden a socialistas, neoliberales que hablan de la justicia social, conservadores que dicen que admiran a los gays, gays conservadores... y yo. Solamente unos pocos y mi padre no han cambiado: todavía cree que está viviendo la guerra fría, y piensa que todo lo que sea Estado y que diga libertad es un vil comunista que merece ser asesinado. Por lo mismo, me colocó José Domingo. La cuestión es que no pensó que me pudieran molestar en el colegio, o que me dijeran viejo, para él es de lo más cool, lo que demuestra que su sentido de la moda está relacionado con los años 40 del siglo pasado. Pero que le vamos a hacer. Cagué no más.

Desde que me dí cuenta que vivía en una burbuja y que no tenía intenciones de hacer con mi vida lo que mi viejo quería, es que comenzó mi cambio, rebeldía estúpida y sinsentido para él. Fue duro, complicado. Darte cuenta que vives en una mierda de sociedad, es un golpe a tu mundo. Nunca me culpé. Pienso que culparse es caer en el facilismo de los típicos progresistas que rasgan vestiduras por el neoliberalismo, pero que no bajan de Vitacura. Yo decidí bajar de allí, pero sin hacer escándalo. Calladito, ahora vivo en Santiago Centro, cerca del barrio Brasil, tranquilo, sin tanta bulla y con carrete cerca de la casa. Vivo como quiero, y hago lo que me gusta. Estudio economía, pero no creo que trabajé en esto. Soy fotógrafo y escribo poesías. Maricón me dice mi viejo cuando supo lo que hacía. Maricón será él, si supiera que yo vi lo que hacía con su amigo en la fiesta de año nuevo: bien maricón. Engañando a mi madre con su amigo en nuestra casa. Desde ese día que no le hablo. No tengo nada contra los gays, de hecho tengo amigos gays, pero lo que hizo mi viejo, es de una mariconada y un cinismo que no había visto en una persona. Ustedes pensarán que odio a mi padre. No lo odio. Me da pena. Pero más me entristece es mi vieja. En los Lira, las mujeres no existen. Son un buen adorno para mostrar la gran familia que somos, o lo que desean que nos vean en las reuniones, la puta imagen perfecta que quieren proyectar. Los Lira son una mierda.

Al final, me encanta joder a mi padre. Él no me quiere. De hecho, me han dicho que no se habla de mí, mientras él se encuentra en la casa. Tiene 4 hijos, no 5. Claro, si los otros son ingenieros y abogados. Los encargados de seguir cultivando la estirpe familiar. Pero pese a que tengo que ver a mi vieja a escondidas, estoy feliz: trabajo en algo que me gusta, casi no voy a la universidad, vivo en un barrio tranquilo y bohemio, y mi papá no me habla. Que mejor que no verle la cara a aquel vil hipócrita capitalista: Ernesto Agustín Lira Subercaseux. Mi padre






2 expláyese:

PECHITO ARGENTINO dijo...

Es un poco complicado el tema. Un padre símbolo de una generación perversa.
Abrazo desde la comunidad PTB

Azul Ixcuintla ::::: dijo...

Yo también voy con que es un poco complicado el tema,
odio los nombres heredados, pero amo a mi padre porque a él si que le toco romper esquemas, vaya que lo hizo...

Saludos desde la Comunidad PTB y gracias por visitar y comentar mi blog

 
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