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El remedio necesario

Ahora en que caes nuevamente. Ahora que los oscuros recuerdos, olvidados en algún baúl raído por las huellas del pasado, vuelven a aparecer. El olvido se olvidó de olvidar. Se hace presente, en forma lúgubre, incierta, con una carga de angustia, y el desespero por terminar todo. O al menos superar la cobardía que siempre ha atajado el final. En este tiempo, en donde los días no son más que "un día más de vida", un simple día, en que no existe fin de semana, ni semana, sino que solamente... días. No existe diferencia entre un lunes y un domingo. Cuando la unica diferencia termina siendo si están o no papá y mamá, quiere decir que algo esta dictando que caes en un torbellino de amargura. Pasar todo el día en cama se ha vuelto costumbre. El llanto interno, aquel que no precisa de lágrimas, pero si de mucha desesperanza, desmotivación, y ganar de tirar todo al tacho de la basura. Vuelven las ganas de desaparecer. Aquel deseo que por mucho tiempo existió de vivir en el lugar mas alto y solitario de la cordillera que observas día a día, como queriendo estar allá, realizando una ronda por la libertad del mundo y de todas las personas que te rodean. Una bienvenida a la eterna soledad, hasta que los condores se aburran de la presencia de este humano - que poco tiene de "ser" y "humano", por el hecho de irse sin siquiera despedirse, ni dar motivos, pero da igual, poco importa aquellos que están al otro lado, viviendo, algo que jamás quizo hacer - devorándolo en alguna tarde en que la comida sea un bien bastante escazo, sin pedir permiso, carcomiendo cada parte de aquel cuerpo solitario, que solamente tiene cuerpo y una vida que jamás quizo aprovechar.

En aquel tiempo en donde todo estaba así, apareció ella. En forma inesperada, golpeó la puerta de tu alma, volviendo a colocar todos los adornos de tu vida, en el lugar que corresponde. Sin decir nada, devolvió todo lo que habías tirado. Poco a poco, todo se fue esclareciendo. El cielo volvió a ser azul. Ya no existían nubes que taparan el sol y la luna. El canto de los gallos, se escuchaba con una dulzura que ni siquiera un gallo se lo imaginaría. Allí estaba ella, ¿Te acuerdas? Su imagen fue suficiente para hacer que el derrumbe, se volviera a derrumbar, ordenándolo todo. ¡Cómo no recordarla!. Día a día, imploras por su presencia. Noche tras noche, su silueta vuelve a emerger en sueños de deseos y anhelos por robarle un beso. Hubo un tiempo en que quisiste creer que la olvidarías. Ni siquiera otros besos, los brazos de otra, sirvieron para borrar aquel dulce recuerdo. Quizás el error, está en querer olvidar. Recuerda que el olvido sólo ha traído malas experiencias en la vida. Pero es terco, insiste en olvidar. El pasado define nuestro presente. No afrontar el pasado, impide salir vivos del salvaje presente de la cotidianidad.

Ahora que todo no vale la pena, quiere algun signo tuyo, algo en que creer. Eso es: ha dejado de creer. Ni siquiera la promesa de un encuentro sin fecha definida, sirve para hacer que este cuerpo pueda levantarse y seguir luchando. Ya no existen fuerzas. Quisiera que el remedio de la vez pasada, pudiera funcionar otra vez. Ahora no existe tal cura. Ella no está, no responde... desapareció. No ha dejado ninguna huella que permita saber sus pasos.

No sabe que hacer...

¡Oh, Nostalgia! una vez más, has ganado
 
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