Nuevamente nostalgia
En momentos como estos, la noche me parece más lúgubre. La luna se cubre con las sombras que dejó el sol, para ocultar el brillo de su silueta. Los recuerdos que siguen dando vueltas por mi mente, cada vez se vuelven más pesados. Es una pesada carga que mantengo conmigo, para que el olvido se deje de olvidar. Pero el tren no se detuvo a tiempo. El viento sopló demasiado rápido, que terminó por tumbar aquello que antes traía felicidad. Lo que antes evocaba una sonrisa, ahora lo cubren las lágrimas. Lo que en su momento estaba al alcance de la mirada, hoy es separado por el horizonte. Lo que alguna vez fue un triunfo, hoy sólo cosecha derrotas.
Es en este instante en que apareces: resuelta, mordaz, en trajes invernales, con un repertorio de momentos para secar mis ojos de tanto llorar. Nostalgia ¿Por qué bañas de sangre mi descanso? ¿Por qué intervienes en contra del olvido?
Nuevamente ingresas a mí, pero esta vez la culpable no es ella, ni aquella, ni su mirada, ni sus besos, ni siquiera los besos que ahora tienen otro dueño. El verdugo ahora es el tiempo, los momentos, las historias en el bar, los gritos en las calles, las reflexiones en oficinas y salas, la sonrisa y la mirada perdida en la belleza de la vida, las miles de historias que ni los libros se atreverían a relatar.
Es en este instante en que apareces: resuelta, mordaz, en trajes invernales, con un repertorio de momentos para secar mis ojos de tanto llorar. Nostalgia ¿Por qué bañas de sangre mi descanso? ¿Por qué intervienes en contra del olvido?
Nuevamente ingresas a mí, pero esta vez la culpable no es ella, ni aquella, ni su mirada, ni sus besos, ni siquiera los besos que ahora tienen otro dueño. El verdugo ahora es el tiempo, los momentos, las historias en el bar, los gritos en las calles, las reflexiones en oficinas y salas, la sonrisa y la mirada perdida en la belleza de la vida, las miles de historias que ni los libros se atreverían a relatar.
Lo que no quieren saber los machistas
no son un objeto
ni se quedan satisfechas con una flor
un chocolate no borra el puño de los golpes
los hijos no arreglan lo que se rompe con el paso del tiempo
no son putas por colocarse ropa ajustada
no les halaga para nada que les toquen el culo
Hacia delante
Ya es el tiempo de comenzar a mirar hacia delante. Fijar la vista hacia arriba en busca de las ilusiones o hacia abajo como una forma de cubrirse de las culpas, no sirve. La realidad está allí, impávida, tosca, con sus golpes sutiles, y sus conatos de alegrías, todo eso reunido en la historia de nuestra existencia, a la espera de aquel instante en que todos llegaremos: la muerte. ¿Quién dijo que no somos iguales? Finalmente, les guste o no, a pesar de todo el poder y dinero, todos tendremos que enfrentarnos a la muerte. Nacimos para morirnos. Antes de la llegada del momento culmine de nuestra existencia: vivimos. Es la idea.
La cuestión está en saber lo que es vivir. ¿Cómo vivir? ¿De qué se trata esto de tener una vida? En suma, cual es el juego que nos tienen preparados los dioses, ángeles, demonios, espíritus, espectros, muertos o simplemente la vida. Sea el que sea que haya realizado esto, no dejó en ninguna parte alguna carta con la receta de la existencia. Lo más probable es que cada uno tenga que hacer su propia receta. Entonces, ¿por qué mirar hacia el lado? ¿Cuál es el afán de buscar modelos? Si supuestamente cada uno construye su propia vida. Buena o mala, da igual, finalmente es nuestra. Tal vez todo esto no sea más que una sucia artimaña de la muerte, para atemorizarnos y terminar cayendo en la ilusión de la felicidad en el momento mismo en que nos vuelve a llamar, siendo esta vez para siempre. Quiere que nos alegremos, para luego quitárnosla.
Tus ojos
El cielo,
no es el reflejo del mar,
sino que el espejo de tu mirada,
curtida del dolor,
renovada a segundo a segundo
en la claridad de tu parpadeo,
en el color que utilizan tus ojos
para pintar el mundo,
con pinceles que usan tus pestañas,
al dibujar el eco de tu silueta:
ausente del rocío de tus lagrimas,
presentes de la belleza que inspiran tus ojos profundos.
El sol,
se inspira de las perlas que adornan tu rostro,
para ver el mundo
encadenado a la sonrisa que infunde tu mirar,
enmudecidos con el murmullo de tus pestañas,
hipnotizados del secreto que oculta tu retina.
Mi pequeño paraíso
Era un día cualquiera. El sol arriba y mi mirada preocupada abajo. Las personas caminaban con sus pies, pisando los suelos de la desesperanza y la angustia. Algunos pisan el cemento de la dicha y la felicidad. Es jueves, y el sol brillaba con toda su intensidad. Cuando los asuntos mundanos habían finalizado - el reloj tocaba con sus agujas el mediodía -, me dirijo al paradero de bus para ir a otro lugar en donde lo mundanal no estaría presente. No iba a misa ni a comunicarme con ningún Dios.
Subo al bus, largo, esos que al doblar, la parte del medio también realiza una especie de curva, que en caso que no estés preparado, te arrastra al doblar. Es un buen sitio para que los enamorados inseguros de no dar el beso, puedan dejarse llevar por el movimiento del bus, lo que irremediablemente los llevaría a caer en el suelo, por lo que el beso se tornaría algo inevitable. Pero esto no se trata de entregar consejos para los amantes primerizos, ni sobre la mejor forma de estar en aquel transporte colectivo. Estoy para contar que pude apreciar un pequeño paraíso, que al principio creía que era sólo mío, pero finalmente, cuando ya se perdía entre la multitud, pude notar que no sólo yo era quien la observaba atentamente. Pero debo decir que fue a mi solamente a quien observó. Creo.
Subo al bus, largo, esos que al doblar, la parte del medio también realiza una especie de curva, que en caso que no estés preparado, te arrastra al doblar. Es un buen sitio para que los enamorados inseguros de no dar el beso, puedan dejarse llevar por el movimiento del bus, lo que irremediablemente los llevaría a caer en el suelo, por lo que el beso se tornaría algo inevitable. Pero esto no se trata de entregar consejos para los amantes primerizos, ni sobre la mejor forma de estar en aquel transporte colectivo. Estoy para contar que pude apreciar un pequeño paraíso, que al principio creía que era sólo mío, pero finalmente, cuando ya se perdía entre la multitud, pude notar que no sólo yo era quien la observaba atentamente. Pero debo decir que fue a mi solamente a quien observó. Creo.
Orlando Zapata Tamayo
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Segismundo
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Orlando Zapata Tamayo: 15 mayo 1967 - 23 febrero 2010.
Que en Paz Descanse.
Y que esta muerte sirva para seguir alzando la voz por cada disidente que siguen encarcelados en Cuba y en todo el mundo.
¡Hoy todos somos Orlando!
fuente foto: Marti Noticias
Una verdad política
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Segismundo
on 23 de febrero de 2010
nubes
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Luego de ver las últimas actuaciones de los presidentes de nuestra fauna latinoamericana, se puede concluir lo siguiente: a mayor clima tropical de un país, más loco es el presidente.
Menos mal que Chile se ubica en un clima templado. No quiero ni imaginarme como sería teniendo un presidente tan loco como lo tienen los países amigos del trópico.Mucha fuerza para ellos, pues tienen que soportar tanta locura en sus diatribas, peroratas y demás cosas por el estilo que lanzan cada vez que se les ocurre la mala idea de abrir sus bocas para hablar.
Menos mal que Chile se ubica en un clima templado. No quiero ni imaginarme como sería teniendo un presidente tan loco como lo tienen los países amigos del trópico.Mucha fuerza para ellos, pues tienen que soportar tanta locura en sus diatribas, peroratas y demás cosas por el estilo que lanzan cada vez que se les ocurre la mala idea de abrir sus bocas para hablar.
Carta de despedida
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Segismundo
on 15 de febrero de 2010
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Santiago, 15 febrero 2010
No había querido escribir de ti. Ni siquiera deseaba pronunciar tu nombre en mi recuerdo. Por días te pensaba en adjetivos: la flor guaraní, morena de ojos de sonrisa, violeta alegre, entre otros. He buscado la forma de evitar tu nombre, porque solamente escuchándolo, mis ojos comenzaban a derramar lágrimas por ti. Agradezco a la vida que tendré en unas semanas más a un sobrino y no sobrina, porque recuerdas que te conté que se llamaría como tú. No hubiese soportado tener que pronunciar tu nombre cada vez que llamaba a mi sobrina. Porque si bien los nombres no tienen dueño, este si tiene, y te corresponde a ti, por lo que cada persona que se llame como tú, es como si te nombrara. La vida tiene esas cosas que de vez en cuando te ayudan a no tener que recordar. Tal vez – al contrario de lo que pienso – la suerte este de mi parte. Corrijo, sólo en este caso está de mi lado, porque en el resto de los frentes, el saldo es negativo. Lo peor es no saber el tiempo en que esto seguirá así.
Han pasado semanas desde la última vez que supe de ti. Si bien el camino de la vida debe seguir, este se llenó repentinamente de obstáculos, los cuales mi mente no ha podido evadirlos. Al contrario, chocan directamente contra ellas, y pareciera que cada día que pasa, el golpe es más fuerte. Como si a medida que este camino se torna más solitario, el cuerpo va directamente a los golpes, para sentirse vivo, ya que de tanto llorar, entristecerse y decaerse, ha perdido todo sentido de existencia. Pero no es una existencia que se pierda con la muerte, sino que al contrario, con una vida sin rumbo fijo, sin la luz de la esperanza y en total soledad del mundo y de mí. Las barreras me impiden llegar a las salidas de la felicidad. La luz de la belleza sin tu silueta ha perdido todo atractivo. Hasta las piedras que piso a cada paso que doy – llenándome de heridas y dolor – me parecen hermosas y me hacen sentir bien, dolorosamente bien.
Observándote desnuda
En aquella montaña verde, te vi desnuda en la orilla del rio, como cubría con su tibio oleaje tus pies fríos e inquietos. El sol iluminaba tus piernas húmedas, cubiertas del agua que golpeaba las piedras que te rodeaban, pequeña flor traviesa, sedienta de pasión y encanto sublime
Te vi desnuda, de querer amar, de sentir como aquel caminante besa tus pechos vírgenes, de las ganas de sentir el deseo del viajero afortunado de tenerte en tus brazos. Pero ellos pasaban, en silencio, en soledad, como queriendo acompañar tu recogimiento, tu desnudez.
El mismo oscuro lugar
El día me parece tan oscuro, no existe un sol que alumbre con sus rayos mi alma. No existe cielo que refleje la belleza de las flores en su espejo azul, ni siquiera existe sonrisa que pueda callar el llanto de mi alma, destrozada por las culpas y el arrepentimiento. Me doy vueltas tratando de buscar respuestas. Miro las paredes por si encuentro un espacio en donde este la verdad, o al menos la razón para que la oscuridad vuelva a iluminarse con la luz de la paz.
La esperanza se quiebra como la fragilidad del cristal en medio de una tormenta. El miedo utiliza estrategias para siquiera darme la oportunidad de creer. La fe se escondió en algún rincón de esta morada, quizás entre los recuerdos guardados en cajas de cartones, a punto de ser tirados a la basura.

